Cuando ellos lo dejan todo para apoyar a su pareja: tres historias reales de marcas beauty españolas
Lo que no siempre se cuenta detrás de un proyecto de éxito
Ninguna de estas marcas de cosmética empezó con una garantía previa. Cuando Gonzalo Zaragoza decidió dejar su trabajo para apoyar el proyecto de Rocío López, no había certezas. Tampoco cuando Juan Sabaté dio el paso para implicarse de lleno en la empresa que había levantado Estefanía Ferrer, ni cuando Gerard Fernández apostó por acompañar profesionalmente a Ana Santamarina.
En los tres casos, el punto de partida fue parecido. Las marcas ya estaban creciendo y el trabajo compartido, con el paso del tiempo, terminó por empujar una decisión personal que supuso cambiar de rumbo profesional y asumir riesgos reales.
Cuando el apoyo deja de ser simbólico
Apoyar a la pareja suele entenderse como estar ahí, escuchar y animar cuando las cosas se tuercen. En estas historias, ese apoyo fue un poco más lejos. Pasó por dejar un trabajo, aprender algo nuevo desde cero y meterse de lleno en un proyecto que terminó cambiando su vida profesional.
En el sector beauty, muchas marcas están muy ligadas a la figura de quien las impulsa y da la cara. Lo que no siempre se ve es a la persona que está al lado, sumándose al proyecto desde dentro, resolviendo lo práctico y acompañando el recorrido para que la marca funcione y se mantenga.
Tres marcas, una decisión compartida

Rocío López, fundadora de Yinger, junto a Pearl Skin CreamySerum, uno de los productos más emblemáticos de la marca | @rociolpez_
En el caso de Yinger, la marca impulsada por Rocío López, el punto de inflexión llegó cuando ella se quedó sin representación en pleno crecimiento. Gonzalo Zaragoza, que entonces trabajaba en otro sector, decidió volcarse por completo en el proyecto.
Primero como mánager y, más adelante, como socio. Aprendió cómo funcionaba el mercado, negoció campañas y ayudó a dar forma a una marca que hoy tiene una presencia clara dentro del sector beauty en España.

Estefanía Ferrer, fundadora de LICO Cosmetics, con el Tratamiento Antiox African Essence, compuesto por C+E Serum y Antiox Oil | LinkedIn
Algo parecido ocurrió con Lico Cosmetics. Estefanía Ferrer había dejado atrás una carrera en la industria aeronáutica para dedicarse a la cosmética desde una mirada técnica y rigurosa. Cuando la marca empezó a afianzarse, su marido, Juan Sabaté, dejó su puesto en una gran multinacional para incorporarse al proyecto.
Ella se centra en el desarrollo de producto y el trabajo de laboratorio, mientras que él se ocupa del día a día de la empresa, desde la organización interna hasta la parte operativa y de marketing. Con ese reparto claro, la marca fue consolidándose hasta convertirse en una estructura sólida.

Ana Santamarina, fundadora de Santamarina Cosmetics, junto a LUSTRE, su loción exfoliante de uso diario | @ana__santamarina
En Santamarina Cosmetics, Ana Santamarina y Gerard Fernández comparten tanto vida como empresa. Ella aporta el conocimiento dermocosmético y la visión científica, y él se encarga de la parte estratégica y de gestión.
Juntos toman las decisiones del día a día y ajustan el rumbo del proyecto, construido desde esa complicidad diaria y una forma de trabajar muy alineada con lo que quieren transmitir.
Trabajar en pareja cuando el proyecto crece
Compartir trabajo y vida personal no es sencillo, sobre todo cuando el proyecto empieza a ocupar cada vez más espacio. En estos casos, organizarse bien y repartir tareas ha sido clave para que la relación no se resienta y el día a día funcione.
Trabajar con tu pareja puede tener mucho de ilusión, pero también obliga a ir encajando el trabajo en la relación y la relación en el trabajo. La gran ventaja, en estos casos, es contar con una implicación total por parte de la persona que tienes al lado, alguien que conoce el proyecto desde dentro y se involucra en cada paso.
Lo que no siempre se ve del éxito
Detrás de estas marcas hay algo más que productos bien hechos o decisiones acertadas. Hay cambios de rumbo y una manera muy concreta de apoyarse cuando el proyecto lo exige. Son historias que recuerdan que emprender en pareja tiene poco de ideal y mucho de compromiso compartido y trabajo diario.